Piso Móvil y Actor Motor

Taller

Fecha

16 y 17 de enero de 2023.

Horario

De 6pm a 8:30pm

Cupo

30

En alianza con REVES, plataforma internacional de entrenamiento, ofrecemos este taller a la comunidad escénica costarricense.

 

Piso Móvil y Actor Motor

Un testimonio latinoamericano sobre la interpretación y la dramaturgia desde el movimiento.

 

2 sesiones: 16 y 17 de enero de 2023

de 6 a 8:30pm

Gratuito.

Centro Cultural de España

Inscripciones aquí

 

Piso Móvil (PM) es hoy en día un sistema de entrenamiento para la escena con una trayectoria importante en algunos países latinoamericanos y europeos. Creado en Bogotá, Colombia por la Compañía Cortocinesis y en cabeza de Vladimir Rodríguez, nació gracias a la necesidad estilística e identitaria de constituirnos propietarios de nuestras propias prácticas en nuestro país y obviamente, gracias al a la influencia artistas viajeros que atravesaron nuestro territorio geográfico y corporal.

Actor Motor (AM) es la prolongación dramatúrgica y teatral de esta filosofía, donde las preguntas están dedicadas a la interpretación, desde el bagaje motriz del actor/bailarín y desde el estudio de las narrativas de la danza y el movimiento con un acento sobre la expresión, la comunicación y la teatralidad.

Este taller permitirá la argumentación teórico – práctica de los orígenes, influencias, profundizaciones y consecuencias de esta iniciativa de entrenamiento y experimentación, así como la discusión alrededor de los conceptos de identidad, mestizaje, migración de contenidos, creación, improvisación, gestión y movilidad de estos sistemas de entrenamiento e investigación.

Objetivos:

  • Reflexionar alrededor de procesos de investigación de origen local
  • Socializar contenidos de nuestro proceso de investigación
  • Correlacionar teoría y práctica a través de ejercicios ejecutables.
  • Nutrir las metodologías, didácticas y pedagogías en las artes escénicas latinoamericanas

 

Contenido:

Conversatorio didáctico con prácticas escénicas simples.

 

Desde el Teatro y la Danza

El Teatro y la Danza son dos profesiones que en el escenario tienen una estrecha relación. Ambos son fuente de riqueza para la expresión del actor. El Teatro desarrolla, principalmente, el sentido cronológico de la narración que permite que la dramaturgia surja francamente gracias al trabajo del actor. La danza desarrolla, a priori, el sentido de la espacialidad en el actor, lo que permite que la dramaturgia tenga una existencia geográfica concreta. Así, el espacio y el tiempo se vuelven jugables gracias a los acentos de dos profesiones complementarias (la danza y el teatro). Pero la comprensión fundamental de la escena proviene del Teatro. Además, el concepto “puesta en escena”, anteriormente, era exclusivamente “teatral”. Algo que hoy en día usamos para las artes escénicas en general. En definitiva, el Teatro le enseña a la Danza, al Circo y demás oficios escénicos, que la comunicación es el eje vertebrador de la apuesta del actor y que su apuesta va en estrecha relación con la puesta en escena. Así, todas las profesiones escénicas, se deben, en la base, al Teatro. Por otro lado, la danza produce un lenguaje que empuja al actor a desarrollar un gesto más allá de lo que permite la palabra o el texto. Para ello, la danza y su valor motricidad vienen a profundizar lo que la oralidad busca crear en el escenario. La danza es como una gran obra de construcción de movimientos, que llega a incidir en los caminos expresivos del propio discurso. Finalmente, el habla, el movimiento y su compleja relación forman parte de los retos prioritarios del actor, y le corresponderá profundizar en los contenidos de la pieza escénica, especializarse en la capacidad de comunicar determinados contenidos, y relacionar los diferentes agentes de la la puesta en escena

 

Desde la improvisación

Para el Actor-Motor, la improvisación es el principal campo de pruebas de las herramientas adquiridas en su método. La improvisación también es un estado de ánimo, y para aprovecharlo al máximo hay que visitarlo constantemente hasta el punto de sacar a relucir y presentar la propia pieza escénica. Lo que concreta el saber hacer del actor conductor es la capacidad de utilizar sus herramientas en tiempo real y en busca de un contexto dramatúrgico específico. Por lo tanto, la improvisación ya no es un estado de total espontaneidad de la mente, sino un estado de organización donde el actor pone su capacidad de manejar sus herramientas, encontrar sentido con su entorno, profundizar su resistencia, concentración y emociones, y finalmente, comunicarlos a los demás actores y observadores participantes. En conclusión, de lo que se trata, es de su capacidad para coordinar estas habilidades técnicas (voz, motricidad, ritmo) con el papel que le corresponde en la escena, y en coherencia con el contenido de la dramaturgia de la puesta en escena.

 

Desde la ciencia

El Actor-Motor encuentra una rica fuente de argumentos en los estudios del funcionamiento bidireccional del cerebro. El primero de ellos, sobre estudios de neuronas espejo y el segundo sobre el homúnculo de Penfield. Si bien esta información es de importancia para la población en general, en el caso de las profesiones de la escena, es relevante en particular. El sistema de neuronas espejo nos explica que cuando vemos una acción realizada por uno similar de nosotros, realizamos, en nuestro interior, la misma acción. “Como si estuviéramos sumergidos en una resonancia motora con las personas con las que interactuamos” (Giacomo Rizzolatti). Esta especial concepción nos lleva a una explicación concreta y palpable sobre la transmisión de una idea a partir de la actuación. El móvil del actor se convierte en el único medio de difusión de nuestros pensamientos, emociones, desafíos, anhelos y paradigmas. Más aún “a nivel psicofisiológico la acción es capaz de resonar con el cuerpo-espíritu del espectador blando si el actor es capaz de recrear con el arte, las verdaderas intenciones y objetivos” (Gabriele Sofia). Esto nos sugiere que si las acciones se ejecutan con maestría y verosimilitud, incluso en el caso de la mímica de los movimientos, lograríamos activar intensamente las neuronas espejo de quien nos observa. En el teatro siempre hablamos de tocar al espectador con nuestra interpretación, aquí hay una forma bastante concreta.

El homúnculo de Penfield es una representación gráfica de la corteza cerebral que nos muestra las partes del cerebro que soportan las funciones motoras y sensoriales. Una gran cantidad de corteza se dedica al habla y la manipulación de objetos (boca, lengua, manos). Entonces, podemos decir que sus miembros y órganos tienen evoluciones más marcadas que otras partes del cuerpo. En el actor-motor se desarrollan metodologías para especializar la relación boca (habla)-mano gracias al concepto de unidad silábica. La unidad silábica es un estudio rítmico y métrico que toma cada sílaba de la letra como una unidad rítmica, y trata de reproducirla para un acento motor en alguna parte del cuerpo, en particular ejecutado con las manos. Cuanto más rápida sea la pronunciación de las sílabas, más rápida será la ejecución de los movimientos y viceversa. Pero sobre las neuronas espejo tratamos de sustentar esta metodología en relación a las intenciones comprometidas de lo que se dice, de lo que queremos contar, expresar. En conclusión, tratamos de vivir la palabra como una atmósfera rítmica y melódica y no solo como un patrón conceptual.

El objetivo final será profundizar en el cuerpo como sistema de resonancia que tiene la capacidad de organizar en tiempo real todos los estímulos de su entorno, para ponerlos al servicio de la comunicación de un contenido específico.

 

Vladimir Rodríguez, colombiano, se formó en la Academia Superior de Artes de Bogota (ASAB). En 2013 obtiene el diploma de Master Pro de Puesta en Escena y Dramaturgia en la Universidad Paris 10. Como bailarín ha trabajado con varias compañías en Latinoamérica y Europa: L’Explose, Psoas, Faizal Zeghoudi, Déjadonné, Adarte, Coraline Lamaison, Physical Momentum, por nombrar algunas.

Funda la compañía Cortocinesis en 2003 en Bogota y recibe varios premios y apoyos de creación entre los cuales esta el Premio Nacional de la Danza en 2010 por su pieza “Papayanoquieroserpapaya”. En 2015, co-funda el espacio de investigación, creación y entrenamiento “La Futileria” en Bogotá/ Colombia.

Como coreógrafo, Vladimir es regularmente invitado a México, Colombia, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Panamá, por espacios de entrenamiento como CAMP IN (México), REVES (Costa Rica), Tropico Intenso (Colombia), por nombrar algunos y por compañías como Delfos, Danza Joven de Sinaloa, Tumak’at, Entre Nos, Camaleâo, Ceprodac, Compañía Nacional de Danza de Ecuador, Teatro de Ciertos Habitantes.

Vladimir ha impartido el método PM (Piso Móvil) y AM (Actor Motor) en Colombia, México, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Francia, Italia, Republica Checa (Duncan Center) y Austria (SEAD). En co-producción con COLLETTIVO UNICO (Francia), Compagnie QALIS (Francia) y CORTOCINESIS (Colombia), creó “Fantômes” que se estrenó en 2022 en el Festival Impulsion#8 en Lyon/Francia.